Sobre mí

A primeros de 2015 viví un punto de inflexión profesional y personal tras 32 años trabajando de peluquero en una peluquería familiar.

Unos meses después, tras una serie de acontecimientos indescriptibles, empecé a darme cuenta de que, al mirar a los clientes a través del espejo, era capaz de percibir ciertas cosas en sus ojos —un cambio en la mirada o una alteración tensional que me llamaba poderosamente la atención—. Y cuando les miraba, pero no a través del espejo, ocurría exactamente lo mismo

Seguidamente, en algunas de las conversaciones que manteníamos, solían salir aspectos personales de la vida del cliente, que me hacían pensar que yo no iba mal encaminado en lo que previamente me había parecido detectar.

Impresionado por la sorpresa de este descubrimiento, decidí profundizar en ello y hacer un trabajo de investigación. Así que aproveché las ocasiones en que percibía esas señales, tenía cierta confianza con el cliente que en ese momento estaba atendiendo y estábamos a solas, para contrastar con él aquello que mis ojos captaban y que ni yo mismo sabía exactamente qué era. Fue así como, poco a poco, fui descubriendo que lo que estaba identificando en su mirada era la huella física del estrés subconsciente.

Por ejemplo, si percibía en su mirada algo que me llamaba la atención, aunque aparentemente estuviera normal, le hacía una pregunta sutil. Con la respuesta que me daba, adquiría más confianza en mi capacidad de percepción. No trataba de adivinar la vida de nadie, tan solo quería comprobar algo puramente neurofisiológico: si esa señal en los ojos estaba realmente relacionada con la raíz del estrés o con causas profundas —como el miedo, la tristeza o la decepción por alguna situación que le estuviera afectando—, y si ese bloqueo provenía de su entorno profesional o de sus vínculos personales. Siempre que detectaba uno de estos indicadores en la mirada del cliente y le hacía un comentario discreto, sus contestaciones confirmaban que lo que yo captaba correspondía fielmente a su realidad interna; algo que, honestamente, me parecía increible.

Poco a poco fui comprobando que, efectivamente, lo que veía sí estaba relacionado con las reacciones en el cuerpo. Notaba cómo el estrés, el cansancio y las cargas emocionales que traían de sus vidas personales se reflejaban en la mirada, en las microexpresiones y en la tensión corporal. Fue un proceso largo de investigación y aprendizaje, de ir uniendo puntos y, sobre todo, de comprobar en el día a día que lo que mis ojos detectaban era real y no producto de mi imaginación.

Sobre ello, siempre diré tres cosas. La primera es que la peluquería fue mi pequeño laboratorio. La segunda es que después, en el año que frecuenté con más asiduidad el parque con mi hija, ahí ya me saqué el máster. Esta incalculable experiencia empírica constituye el verdadero cimiento del Sistema IVES. Y la tercera cosa que suelo decir es que he aprendido mucho formándome, y tengo claro que siempre me quedará mucho por aprender; sin embargo, si algo me ha dado una seguridad absoluta, es que en lo que más confío es en aquello que percibo en la mirada de la persona a la que miro.

Como deportista que ha vivido la exigencia de la competición, siempre sospeché que el talento se bloquea cuando el cuerpo se tensa. Sin embargo tras ir realizando ciertas formaciones, entre ellas un postgrado en coaching y psicología deportiva y otro en inteligencia emocional, con el conocimiento que adquirí esa sospecha se confirmó. Entonces decidí profundizar por mi cuenta en los principios de la neurofisiología. Fue ahí donde encontré la explicación científica a todo lo que había observado en el espejo de mi pequeño laboratorio y a todas las experiencias vividas, muchas de ellas nada agradables, que me afectaron en mi etapa deportiva. Fue entonces cuando todas las piezas encajaron.

Comprendí que esa rigidez muscular que sabotea al deportista no es otra cosa que una interferencia en los impulsos eléctricos del cuerpo, provocada por un estrés subconsciente que el cuerpo automatiza como un mecanismo de protección.

Asentado sobre este conocimiento, he trasladado toda mi experiencia al ámbito del deporte, no para realizar psicoterapia ni indagar en la historia personal del deportista, sino para neutralizar la alerta física que las presiones y la carga de estrés activan en su cuerpo. Para lograrlo, utilizo en sesión diversas herramientas avanzadas de reprogramación mental para el rendimiento deportivo, regulación del arousal y liberación del factor tensional somático, adaptadas exclusivamente a la optimización del tono muscular y la fluidez biomecánica.

El deportista evoca el estímulo de presión o el bloqueo técnico específico en el presente —desde el miedo a volver a lesionarse o a perder, hasta la frustración por un mal resultado o un rendimiento inferior al deseado, pasando por tensiones con el cuerpo técnico, conflictos personales de su día a día o imprevistos cotidianos antes de competir— mientras se propicia un estado de cerebro integrado.

Aunque detrás de ese bloqueo mecánico existan experiencias previas o creencias que le afecten, mi labor legal y profesional no es indagar en el pasado del deportista. Mi foco se limita estrictamente a desactivar la señal de alarma que el sistema nervioso activa en ese momento en su musculatura, regulando el exceso de activación para liberar el factor tensional y devolverle la fluidez, la soltura y la confianza física de forma inmediata.

El deportista puede entrenar su discurso para parecer tranquilo, pero su mirada revela cómo está realmente su nivel de activación (arousal).

CERTIFICACIONES:

Para dar una estructura rigurosa a este conocimiento empírico, he consolidado mi experiencia con formación de postgrado especializada:

Máster en Coaching y Psicología Deportiva | Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

Experto en Coaching Deportivo y Psicología del Alto Rendimiento | Unisport Management School.

Experto Universitario en Inteligencia Emocional | Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

Certificación en Coaching Personal | CREARTE COACHING

Especialización práctica en herramientas avanzadas de reprogramación mental para el rendimiento deportivo, regulación del arousal y liberación del factor tensional somático, adaptadas exclusivamente a la optimización del tono muscular y la fluidez biomecánica.

Hoy, a través de la Identificación Visual de Estrés Subconsciente (sistema IVES) y el método COCOACSU, pongo los años de investigación empìrica independiente y de entrenamiento visual especializado al servicio de deportistas de competición y clubes de élite. Mi misión es simple: aportar una mirada especializada para detectar la interferencia tensional, regular el arousal y restablecer en los músculos la soltura necesaria para competir al máximo nivel.